Eran las 8:30 de la mañana cuando estábamos llegando al inicio del sendero de subida al “Cerro del Crestón”, el cual es conocido por albergar el faro natural más alto del mundo situado en la cima, elevándose a 157 metros sobre el nivel del mar.
Montado en lo cual originalmente fue una isla y ahora conectado de manera terrestre por la mano del hombre, el Faro de Mazatlán se edificó en este punto desde 1879 en su primera fase, el cual ha estado en constante renovación técnica.
Nuestros anfitriones nos habían preparado la experiencia de la flamante tirolesa, que es un recorrido sobre el mar de 1300 metros que te lleva desde la ubicación del faro hasta el cerro del vigía, con una velocidad que puede llegar hasta los 100 km por hora.
Al llegar a la zona del faro, encontramos la estructura de la tirolesa, la cual es manejada por un equipo de profesionales que te hará sentir seguro desde el primer momento, de manera muy amable y con certeza nos explicaron el tipo de equipo con el que te afianzan a los mecanismos.
Consejo, considera lanzarte y vivir la experiencia sin celular en la mano ya que puedes perderte de disfrutar el paisaje por poner atención a la pantalla, recuerda que puedes ver una probadita con el contenido que te está preparando la pajarilla para la página de facebook https://www.facebook.com/LuisAmatonM
La farolesa, es simplemente la mejor manera de comenzar el itinerario, ya que aterrizarás en el cerro del vigía, casa del Museo Nacional de la Ballena MUNBA. El tour comenzó por el edificio que funcionaba de como casa vigía desde el siglo XVI ya que entonces, antes de conectar el Cerro Crestón de manera artificial, éste era el punto más alto de Mazatlán.
El sitio está decorado con antigüedades temáticas como armas de distintas épocas, máquinas de escribir y muebles que van con el aura de edificio centenario, inclusive podemos encontrar un molino de café con engranes de madera que lo acompaña un costal con nada más que café Marino, otro símbolo de la actividad económica de Mazatlán.
El recorrido primero te llevará por los exteriores, un jardín de Agaves está puesto justo fuera del aviario por si tienes que esperar turno y puedas tomarte unas selfies, recuerda guardar algo de rollo porque las aves que protegidas con las que podrás interactuar son bastante juguetonas y hay artículos que definitivamente tratarán de apropiarse, así que puedes tener la suerte de por un pequeño precio llevarte momentos y encuadres únicos.
Ahora sí entramos al museo, en el cual verás principalmente fósiles, apoyado por experiencias didácticas e interactivas para reforzar el aprendizaje, en el museo trabajan biólogos de distintos tipos de experiencias lo cual funge un papel importante a nivel laboral – educativo, muy bien, no es excesivamente largo y es cómodo.
Nuestra experiencia terminó con una ceremonia de agradecimiento, basada en rituales ceremoniales de los pobladores originales del territorio, donde con la base del tabaco, el cacao y acompañado del fuego te invita a hacer reflexión sobre cosas que quieras agradecer de tu vida o cambiar para bien, si bien poco ortodoxo; después del esfuerzo físico de la subida al cerro, el momento de adrenalina de la farolesa y el recorrido del museo con ambiente de mar, esta ceremonia donde se involucran sentimientos quedó como la cereza del pastel de un día muy interesante.
Redacción: Oliver Mercado
